Una Manera Cumplida

 
 

Nunca pensé en mi tío abuelo como un pastor. Él era un granjero lechero con unas pocas ovejas. De niña pequeña recuerdo caminar con mi abuela por el camino a su granero para ver los nuevos corderos que habían nacido. En la parte trasera de su granero habían unos pocos corrales cercados llenos de heno para las nuevas llegadas de primavera.

Recuerdo el sonido de mis sandalias sobre el cemento mojado acercándose a los corrales. El sonido debía haber asustado a las ovejas porque se escondieron detrás de su madres para cubrirse. En el primer corral una dulce carita negra se asomó de detrás de su escondite lanudo.

El segundo corral rebosaba con GEMELOS! Mi tío abuelo debío haber anticipado el chillido a punto de estallar de mis labios porque me silenció antes de que yo hiciera un pío. “Tienes que estar tranquila, o se van a esconder”, me instruía.

Las ovejas confiaban en él. Se movía lenta y amablemente mientras las atendía. Prometí en mi pequeño corazón de cinco años ganarme también su confianza imitando su comportamiento.

Las maneras de alguien te pueden decir mucho acerca del tipo de persona que son, y las ovejas tiene un modo asombroso de saber el carácter de alguien.

He estado estudiando las maneras de Jesús reveladas a lo largo de los evangelios:  Sus palabras, interacciones, y confrontaciones. En Juan 10, Jesús declara varias de Sus famosas “YO SOY” afirmaciones. Entre ellas,

Yo soy el buen pastor, y conozco mis ovejas y las mías me conocen, de igual manera que el Padre me conoce y yo conozco al Padre, y doy mi vida por las ovejas” (Juan 10:14, 15).

En este capítulo, Jesús describe al Buen Pastor: Él es su protector, en Él confían las ovejas, y ellas están tan familiarizadas con su voz que sólo lo siguen a Él.

Este pasaje del Buen Pastor llega inmediatamente después de una narración importante. En el capítulo anterior, aprendemos que Jesús sana a un hombre en Día de Reposo que había nacido ciego. Los fariseos y maestros de la Ley interrogaron a este hombre y a sus padres sobre la validez de su historia. El hombre no sabía quién lo había sanado así que respondió, “…una cosa sé: que yo era ciego y ahora veo” (Juan 9:25b).

Los fariseos respondieron:

Nosotros sabemos que Dios habló a Moisés, pero en cuanto a este, no sabemos de dónde es. Respondió el hombre y les dijo: Pues en esto hay algo asombroso, que vosotros no sepáis de dónde es, y sin embargo, a mí me abrió los ojos. Sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguien teme a Dios y hace su voluntad, a este oye. Desde el principio jamás se ha oído decir que alguien abriera los ojos a un ciego de nacimiento. Si este no viniera de Dios, no podría hacer nada. Respondieron ellos y le dijeron: Tú naciste enteramente en pecados, ¿y tú nos enseñas a nosotros? Y lo echaron fuera” (Juan 9:29-34 énfasis mío).

Justo después de este encuentro con los líderes religiosos, Jesús encontró al hombre que nació ciego y le reveló que Él es el Hijo de Dios profetizado en el Tanaj (Esrituras Hebreas). El hombre respondió con fe de todo corazón y adoración.

Es de este contexto que el discurso del Buen Pastor en Juan 10 comienza. Yo creo que Él hace referencia al bien conocido pasaje de Ezequiel 34:1-10: Profecía Contra los Pastores de Israel. Ezequiel llama a los líderes del pueblo de Dios y los acusa de ser viciosos y sin corazón. Él pronuncia,

Las débiles no habéis fortalecido, la enferma no habéis curado, la perniquebrada no habéis vendado, la descarriada no habéis hecho volver, la perdida no habéis buscado; sino que las habéis dominado con dureza y con severidad” (Ezequiel 34:4).

El Señor responde a esta grave situación en los versículos 11 al 16:

“Porque así dice el Señor Dios: He aquí, yo mismo buscaré mis ovejas y velaré por ellas. Como un pastor vela por su rebaño el día que está en medio de sus ovejas dispersas, así yo velaré por mis ovejas y las libraré de todos los lugares adonde fueron dispersadas un día nublado y sombrío. Las sacaré de los pueblos y las juntaré de las tierras; las traeré a su propia tierra, y las apacentaré en los montes de Israel, por las barrancas y por todos los lugares habitados del país. Las apacentaré en buenos pastos, y en los altos montes de Israel estará su apacentadero. Allí reposarán en apacentadero bueno, y apacentarán en ricos pastos sobre los montes de Israel. Yo apacentaré mis ovejas y las llevaré a reposar —declara el Señor Dios. Buscaré la perdida, haré volver la descarriada, vendaré la perniquebrada y fortaleceré la enferma; pero destruiré la engordada y la fuerte. Las apacentaré con justicia.”

El Señor delcara cómo es que Él vendrá a pastorear Su rebaño. El Pastor de Israel dará a conocer Su presecia haciendo estas cosas: buscando a la perdida, rescatando, alimentando, proveyendo, protegiendo, vendando a las lastimadas, fortaleciendo a la débil, y proveyendo justicia a la que fue abusada.

Leyendo a través de los evangelios vemos a Jesús ser el PASTOR DE ISRAEL. Sus palabras, hechos, y maneras muestran que Él es ese Pastor en Ezequiel 34. Jesús fue en busca de los perdidos, sanó a los heridos, fortaleció a aquellos que estaban débiles, defendió a los humildes y proveyó alimento para los hambrientos. Un día Él regresará para completar la reunión de su rebaño, estableciendo justicia e instituyendo el reino prometido de justicia y paz. Este estudio trajo lágrimas a mis ojos ante el tierno cuidado que Dios tiene por aquellos que lo reconocerían.

Recientemente, mientras asistía a un Seder de Pascua, las Escrituras de Jesús compartiendo la Pascua con Sus discípulos llamaron mi atención. El Pastor de Israel hizo un nuevo pacto en Su sangre. Él iba a poner Su vida por sus ovejas, el mayor sacrificio, asegurando nuestra redención.

“Nadie tiene un amor mayor que este: que uno dé su vida por sus amigos” (Juan 15:13).

Podemos conocer el carácter de alguien observando cómo actúan y lo que hacen. Las acciones de Jesús prueban que Él es quien dice que es. Él verdaderamente es el Buen Pastor de quien los profetas hablaron[1].

“Entonces Jesús les dijo de nuevo: En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que vinieron antes de mí son ladrones y salteadores, pero las ovejas no les hicieron caso. Yo soy la puerta; si alguno entra por mí, será salvo; y entrará y saldrá y hallará pasto. El ladrón solo viene para robar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el que es un asalariado y no un pastor, que no es el dueño de las ovejas, ve venir al lobo, y abandona las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa. El huye porque solo trabaja por el pago y no le importan las ovejas. Yo soy el buen pastor, y conozco mis ovejas y las mías me conocen, de igual manera que el Padre me conoce y yo conozco al Padre, y doy mi vida por las ovejas”.

(Juan 10:7-15 énfasis mío).

Escrito por Kori, staff de Life in Messiah


  1. ¿Cuándo has sentido el cuidado pastoral de Jesús?

  2. ¿Cuáles Escrituras te recuerdan especialmente de Su tierno cuidado por ti? (¿Tienes una pegada en tu pared como un recordatorio visual?)

  3. ¿Quién en tu mundo sería animado al ser recordado de Su tierno cuidado por él o ella hoy? ¿Cómo podrías demostrar mejor Su amor?


  1. Por ejemplo, ver Isaías 40:10,11; Jeremías 31:10; y Miqueas 5:4.

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