Más Allá de Pascua

 
 

Cuando era más jóven, la Pascua se trataba de relaciones. Aproximarse a la Pascua significaba pasar tiempo con mi mamá.

Comprábamos matzá recién hecho en la fábrica Streitz’s Matzah en el Lower East Side de Manhattan, formábamos bolitas de matzá para la sopa, y yo ayudaba a preparar su celestial hígado picado pasando los ingredientes por un molinillo manual. Mi papá, hermanos y yo trabajabamos desempacando la porcelana buena, puliendo la plata, desempolvando los Hagadás (librillos de Pascua) de la bodega, y agregando hojas a la mesa mientras planeábamos estrategias para hacer caber a cualquier invitado inesperado.

La víspera del Séder de Pascua (comida estructurada con ciertos alimentos que sirven como recordatorios de la historia del Éxodo) incluía a la familia extendida. Esto significaba lluvias de besos y preguntas de adorados tías y tíos, ¡y la reunión de primos entregándose a una competencia no anunciada para determinar quién podría meterse en más problemas durante el séder! ¡Mi primo Howie y yo definitivamente ganamos el año en que vaciamos todo el armario de lino en la búsqueda desesperada del afikomen (la pieza de matzá que se esconde; el que la encuentra gana un premio)!

No obstante, la Pascua se trata de mucho más que nuestras más atesoradas relaciones humanas.

Nos reunimos a través de este puente familiar milenial para experimentar la Pascua de nuevo: recordando nuestra amarga esclavitud comiendo maror (generalmente rábano picante), relatando las plagas de los juicios de Dios sobre los dioses de Egipto, lamentando la muerte de los primogénitos varones egipcios y recordando la prisa de nuestra partida comiendo matzá (porque no había tiempo para dejar leudar el pan). En la cúspide de nuestro relato, se sostiene en alto un hueso del cordero. La vista nos transporta de regreso al sacrificio del cordero, su sangre marcando nuestros hogares y la presencia de la muerte pasando, dejando a nuestras familias intactas.

Pero nuestro seder familiar no termina con nuestra salida de Egipto. Si así fuera, nos perderíamos la relación más importante en Pascua: la relación de nuestro pueblo con nuestro Redentor.

Dios nos redimió para una relación; nos sacó de Egipto para traernos cerca de Él.

Por tanto, di a los hijos de Israel: «Yo soy el Señor, y os sacaré de debajo de las cargas de los egipcios, y os libraré de su esclavitud, y os redimiré con brazo extendido y con juicios grandes. Y os tomaré por pueblo mío, y yo seré vuestro Dios; y sabréis que yo soy el Señor vuestro Dios, que os sacó de debajo de las cargas de los egipcios (Éxodo 6:6, 7).

Sin importar cuán llena esté nuestra celebración familiar de Pascua con amadas relaciones humanas, si no nos lleva de vuelta a esta relación primaria, hemos revivido sólo la mitad de la historia. Dios quiere que recordemos la noche de Pascua pero no para quedarnos ahí. Él quiere que entremos en la vida a la que la redención dirige.

Lo mismo es verdad para los seguidores del Mesías y nuestra celebración de Semana Santa. Dios quiere que recordemos los eventos de nuestra redención pero no para quedarnos ahí.

Dios eligió Pascua como la época del año para la obra propiciatoria del Mesías. Dios usó Pascua para sacar a mis ancestros de la esclavitud física e introducirlos a una continua relación con Él en la Tierra prometida. De la misma manera en el Mesías, Dios nos ha redimido, tanto a judíos y gentiles de la paga del pecado y de la esclavitud para introducirnos a una relación eterna con Él a través del Nuevo Pacto en la sangre del Mesías.

Este año, para el pueblo judío fuera de Israel, el atardecer del 30 de Abril marca el final de Pascua y de la Fiesta de los panes sin Levadura. Mientras la temporada de Pascua se acerca a su final, que nos encuentre celebrando y compartiendo toda la historia del amor de Dios: ¡Que nos ha sacado para introducirnos! ¡Aleluya!

En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os lo hubiera dicho; porque voy a preparar un lugar para vosotros. Y si me voy y preparo un lugar para vosotros, vendré otra vez y os tomaré conmigo; para que donde yo estoy, allí estéis también vosotros. Y conocéis el camino adonde voy. Tomás le dijo: Señor, si no sabemos adónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí (Juan 14:2-6).

Escrito por Dan, miembro de la Mesa Directivo de Life in Messiah


  1. En esta temporada de Pascua y Resurrección, ¿has podido cambiar el enfoque de tu lista de tareas pendientes hacia el Redentor, el verdadero motivo de la temporada?

  2. ¿No estás familiarizado con la Pascua? Aprende más aquí.

  3. ¿Te gustaría invitar a un ponente de Life in Messiah a compartir Pascua con tu congregación? No es muy temprano para agendar para la primavera del 2025. (¡Nuestros calendarios se llenan rápido!)


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